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Monday, January 7, 2013

Unos cuernos lógicos y consecuentes



No te engañes: Si al macho no le cabe el cinturón de castidad, debido al pollón descomunal que tiene, y al marido cornudo no sólo que le cabe, sino que parece que le sobra, la conclusión es obvia: Ella elije el pollón y desprecia el pito del marido cornudo sumiso. Es una consecuencia lógica y coherente. Y justa. Es de justicia. No hay nada que objetar. La naturaleza ha dotado a unos machos de polla y a otros de pito y la mujer elije lo mejor para ella, la mejor polla, al más macho, con arreglo a la evolución de las especies y en la que sobrevive el mejor dotado. Es justo y necesario, además de una consecuencia natural. Deberías estar agradecido porque pese a tener un pito ella te quiera seguir teniendo como novio o marido. Eso se llama ser bondadosa.

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Friday, December 21, 2012

Me sabes a otro macho y te deseo



Me dijiste:
"Soy una mujer tremendamente atractiva y los hombres me desean ahí donde voy. Es algo a lo que tienes que habituarte ya que tendrás que tolerar las miradas lascivas de otros hombres sobre mi. Mi altivez y supremacía te aturdirán. A ti y a todos".

Y es cierto, pero lo acepto -te respondí.

Y luego añadiste:
"Cuando me acueste con otro, y no precisamente delante de tus narices, llegaré a casa oliendo a otro macho. Y no me ducharé para que me huelas, para que lo sepas, te guste y me desees aún más".

Y te dije que aceptaba, que acepto. Que te recibiré con alegría y satisfacción, te honraré, te paladearé y disfrutaré aunque sepas a otro macho. Más aún si cabe, porque los cuernos te hacen más irresistible, más deseada y me llevan al respeto. A respetarte y admirarte más aún si cabe. Cuando más cornudo me haces y más me humillas más te amo.


Y gozaré viendo como disfrutas con otra polla; como te penetra; como suspiras de placer al ser penetrada, como te lo comes, como suspiras, gimes y te corres con otra polla. Y mientras disfrutas con otro, con otra polla, te besaré la mano y te diré que te amo como jamás te ha querido nadie. Un amor total y absoluto.
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Thursday, December 20, 2012

Te amo tanto que...

 “Te amo tanto que si me pones los cuernos, te perdono”. Eso te dije en un arrebato de amor y pasión.  Tú no dijiste nada, te callaste, pero un día que llegué a casa te vi besándote con un chico y me quedé paralizado. No sabía qué hacer. Tú me miraste, sonreíste y seguiste besándolo.
-    Desnúdate, ponte de rodillas y mira, cariño.

Y me arrodillé  en el sofá, frente a vosotros. Lo vi todo. Como te lo comías a besos, como lo desnudabas, como te desabrochabas los pantalones, como le chupabas la polla como a mí jamás me la habías chupado porque me decías que no te gustaba. Vi como lo desnudabas. Lo vi todo sin decir palabra. Con un dolor muy fuerte en el pecho, pero cono mariposas en el estómago y la polla dura. No sabía qué me pasaba. Tú supongo que sí, porque cuando te corriste, te levantaste de su polla y me hiciste gestos para que me acercara a la cama.
-    Chúpale la polla, cariño, y dale las gracias por hacerte cornudo.

Me quedé de piedra, no sabía qué hacer, me daba asco, pero seguía con la polla dura. Y más dura se me puso cuando me diste dos fuertes hostias y me obligaste a que lo hiciera.
-    Hazlo. Obedece.

Y te obedecí. Lo hice. Le chupé la polla con asco al principio, pero en realidad sabía a ti a tu coño. En realidad esa polla era tuya, de tu coño y chupaba lo que había estado en tu coño. Por eso se la chupé hasta que tú me aparaste y te subiste encima de él para volver a follártelo.
Eso ocurrió hace tres meses.
Desde entonces es tu amante fijo, follas con él regularmente y siempre me preguntas si te sigo amando a pesar de mis cuernos.
-    ¿Me amas, cornudo?
-    Sí, amor mío. Te amo.
-    Me gusta que cumplas tu promesas de amor; aquello que me dijiste de que me amarías incluso si te hiciera cornudo. Que me perdonarías. ¿Me perdonas?
-    Sí, cariño. Te perdono.
-    Entonces llama a mi amante para que venga. Quiero follármelo. Y hacerte cornudo para que me demuestres cuánto me amas.


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Sunday, December 9, 2012

Tu lógica y tu justicia de Ama y cornudo

Te amo.- 

Cuando te veo caminar delante de mi segura de ti misma, llevando por detrás la fusta de mis dedeos que anticipa el placer que voy a sentir al ser azotado y humillado por ti. Te amo y admiro al verte camina segura de lo que haces, de lo que tienes que hacer sin concesión alguna, sin miedo, sin dudas. Con cariño, pero con severidad. Con dulzura, pero sin concesiones. Cumples lo prometido y me castigas. No perdonas ni una. Nunca, jamás. Y por eso sé que eres dura. Y por eso te amo.


Te adoro.  

Cuando me humillas, me pones frente a tu amante, a tu macho y comparas nuestras dos pollas sobre una tabla. Señalas con la fusta mi polla y la suya y dices que obviamente yo no tengo polla, sino pito. La polla es la de él y por eso es tu macho, el macho dominante y yo sólo tu sumiso cornudo. Es una lógica cuasi aristotélica. No tiene duda. Y no la hay. Me lo dejaste claro desde el primer día y por eso te amo. Porque eres justa y le das a cada uno lo que le corresponde. A él, que es un macho de verdad, el honor de follar contigo. A mí que sólo tengo un pito ridículo el placer de ser tu humilde cornudo sumiso. Gracias por hacerme justicia
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Thursday, August 30, 2012

Cornudo, sumiso y muy consciente


Me habías preguntado varias veces cuál era mi fantasía favorita. Lo solía hacer siempre que estábamos en la cama  y mientras me acariciabas la polla. Yo me mostraba remolón, te decía que no tenía ninguna especial o que todas las había llevado a la práctica contigo.

Pero no era cierto y tú lo sabías; te lo imaginabas. Intuías que había algo oculto que no quiera confesar, que me daba pudor. Así que tú insistías en que tenía que tener alguna fantasía oculta,  en lo más profundo de mi ser,  que no quería confesar. Yo te decía que no y tú  me comentabas que todos las tenemos.
- La mía es acostarme con una mujer - me dijiste mientras me acariciabas la polla.
- Pero eso no es una fantasía oculta –te dije-. La mayor parte de las chicas fantasean con eso. Es muy inocente.
- Bueno, ahora dime la tuya.
- Hacerlo con un travestí –te confesé, mientras veía mi polla endurecerse más por el hecho de imaginar la situación pero, sobre todo, porque tú lo supieras.

Porque tú sonreíste, hiciste que me corriera y me dijiste que era una fantasía muy inocente. De hecho al día siguiente, cuando regresé a casa, te encontré sentada en el sofá junto a una chica que era muy atractiva y vestía muy provocativa. Y me la presentaste y comenzaste a desnudarla.
- Es para ti. Mi regalo –me dijiste con una pícara sonrisa-. Ven, no tengas miedo.

Y me acerqué y comencé a acariciarle los pechos aquel travestí tan mono, mientras tú me decías que se llamaba Carola y que querías que disfrutara con ella para cumplir mi fantasía. Y saliste de la habitación y me dejaste solo con el/ella que cogió mi cabeza y la llevo a su polla erecta. Y chupé. Chupe la polla con ardor y fervor, porque no me daba asco, la verdad,  y estaba muy excitado por aquella situación, porque Carola se puso de pie y me hizo arrodillar entre sus piernas para que se la chupara mejor, hasta que se corrió sobre mi cara y yo me masturbé, llegué al orgasmo y me quedé tendido en el suelo. Tendido y exhausto por el placer.

Entonces fue cuando apareciste tú con una cámara en la mano, despediste al  travestí y me dijiste que tenías grabada mi escena. Que Carola era un amigo/a que conocías de hace tiempo y que te había ayudado en la trampa que me habías tendido. ¿Trampa?, te pregunte. Sí, me dijiste. Es una trampa porque ahora te tengo grabado con esta escena y harás lo que yo te diga si no quieres que le enseña la grabación a tu amigos, tu familia o a tu jefe.

No me esperaba aquello de ti y te lo dije, pero tú me contestaste que sabías que iba a caer en la trampa porque conocías mi tendencia bisexual y sumisa. Que habías visto como olía tus bragas usadas cuando creía que tú no estabas. Que habías visto como incluso me las ponía mientras me masturbaba. Que habías visto en mi historial del navegador que veía páginas de travestís, de femdom y de cuckold (de cornudos sumisos),  y que, como me amabas y me querías, ibas a complacerme y hacerme muy feliz. Porque además  yo tenía un pito, no una polla, pues  el tamaño de mi pene era ridículo y por eso mantenías una relación con un compañero de trabajo a escondidas,  por lo que también cumplías una de mis fantasías: la de ser cornudo sumiso.
- Porque ya lo eres y  lo vas a ser mucho más mucho –me aclaraste.

No supe qué decir. Me quedé callado y no dije nada, pero tú añadiste que a partir de ahora serías tú la que llevaría los pantalones, que ibas a follar con tu amante en nuestra cama de matrimonio, que yo sería vuestra criada sumisa y que si no aceptaba, harías público el vídeo y destruirías mi vida.
- ¿Aceptas? –me preguntaste mientras acariciabas mi polla.
- ¿El qué?
- El ser mi cornudo sumiso, claro.
- Sí –contesté sin pensarlo.
 Y no lo pensé mucho, la verdad,  porque al decir sí, que aceptaba ser tu cornudo sumiso, me corrí a borbotones con un orgasmo que me dejó derrengado sobre el suelo.
- Lo sabía. No he tenido que presionarte mucho – me contestaste.

Desde ese día visto bragas, medias y todo lo que se te ocurre, sobre todo cuando tu amante viene a casa a follar contigo en nuestra cama de matrimonio y yo os sirvo de criada, de doncella francesa, si no tengo que acudir a su trabajo y hacérselo mientras los dos folláis. En este caso pones una cámara web frente a la cama y me permites que mientras le hago a él las tareas, pueda ver cómo follas con él,  cómo me haces cornudo sumiso.

Y cuando llego a casa te lamo el coño y te lo dejo bien limpito de su leche. Otras veces he de ir a la casa de tu amiga travestí Carola para hacerle las tareas domésticas mientras tú follas con tu amante. Como es natural ya no gasto calzoncillos porque siempre he de llevar bragas, sobre todo cuando viene tu amante pues quieres que ante él me sienta femenina para que él se sienta más macho al verme.

A veces te levantas de la cama, enciendes el ordenador portátil que suele estar en la mesilla con la cámara web y miras cómo le haga las tareas a Carola mientras tú follas con tu amante, sino me azota. Porque la  última vez le dijiste a Carola que me azotara el culo delante de la webcam porque querías verme azotado mientras me hacías cornudo. Y ella lo hizo. Me puso delante de la webcam, me obligo a estirar las manos hacía el techo, abrir un poco las piernas y comenzó a azotarme el culo, mientras te veía follar con otro, mientras observaba entre gemidos como me hacías cornudo.
- Cornudo y apaleado, le dijiste a Carola mientras cabalgabas a tu amante.  Así quiero verlo siempre. Y dale fuerte los azotes en el culo porque no lo oigo gemir y me excita mucho oírlo mientras follo con mi amante. Pero procura que no se corra, que lo conozco y es capaz de sentir mucho placer con la humillación.


Y tenías razón, como siempre, porque en esta situación  tuve el orgasmo más bestial que había tenido  por la humillación de verte follar con otro y ser además azotado por un travestí que no dejaba de llamarme  cornudo tras cada azote en mi culo. Mi semen llegó a varios metros de donde estaba. Y sin tocarme: sólo con verte follar con otro, sentirme cornudo y ser azotado mientras me lo hacías.
Me conocías tú a mí más que yo a mi mismo. Así que en esta situación seguimos hasta que decidiste que nos casáramos, que querías casarte conmigo.
- Aunque no va a cambiar nada –me aclaraste-. Te voy a poner los cuernos en el momento antes de la boda, para que entres al matrimonio como cornudo y después, en la noche de bodas, para que sigas siéndolo e iniciemos un matrimonio feliz.
- ¿Aceptas? –me preguntaste.
- No lo sé –respondí.
Porque no lo sabía. Una cosa era un juego de novios y otra estar casados de por vida. Pero entonces tú me sonreíste, te levantaste, cogiste un DVD del armario y me lo diste.
- Aquí tienes la cinta que te grabé con el travestí. Ya no quiero chantajearte más puedes irte libremente. Eres libre.

Y cogí la cinta y me fui del piso. Anduve caminando por la calle, tomé algunas copas, me sentía irritado y no sabía por qué. Era libre, por fin me había desecho del chantaje y tenía libertad para rehacer mi vida, para encontrar a una chica normal que me quisiese y con la que formar una familia formal. Y normal. Eso pensaba mientras callejeaba sin saber por dónde iba. De vez en cuando paraba en un pub y me tomaba una copa. No estaba borracho, pero sí extrañado. Porque sin darme cuenta había vuelto a tu calle. Sin darme cuenta subía  a tu piso. Sin darme cuenta llamaba a tu puerta. Y sin darme cuenta me arrodillé ante ti y te pedí perdón y que no me dejaras porque no podía vivir sin ti.

- ¿Sin mi y sin la humillación de ser cornudo?
- Sí, por favor- te dije implorando.
- Suplícamelo.
- Te suplico que no me dejes.
- Y qué más.
- Y que me hagas cornudo.
- ¿Cornudo y apaleado?
- Sí, amor mío.
- Entonces sí. Te perdono.
- Toma, aquí tienes la cinta con la grabación –te dije devolviéndotela.
- No la quiero. Ya no me hace falta.
- Lo sé.
- ¿No quieres rehacer tu vida con otra chica más normal?
- No, amor mío. No quiero.
- ¿Aceptas entonces que vas a ser un cornudo sumiso por el resto de tu vida?
- Si, amor mío.
- ¿Aceptas que jamás follarás conmigo, que te vas a morir sin follar conmigo porque eso le molesta a mis amantes?
- Sí, lo acepto.
- Entonces pasa.
Y entré en tu piso, pero tú me llevaste al cuarto de baño donde me desnudaste, me pusiste tus bragas, me pintaste los labios y los pezones con carmín y me cogiste de la mano para llevarme a la que era nuestra cama de matrimonio y donde estaba tu amante desnudo y repantigado.
- Acepta ser cornudo por el resto de su vida –le dijiste a él.
- No lo creo –contestó tu amante.
- Demuéstraselo, cariño.
- Sí,  amor mío.
 Y me senté en la cama, le cogí la polla y comencé a chupársela.
- ¿Ves como es un buen cornudo sumiso?...Vamos a ser todos muy felices porque además es muy puta.
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Thursday, June 21, 2012

Acepto y suplico

No sé si existes, pero te busco y cuando te encuentre te diré que te acepto. Que acepto y suplico que me uses, que acepto que no me seas fiel, que acepto que me humilles, me anules y que tu voluntad sea la mía. Que acepto la esclavitud total, los cuernos y la humillación o que me obligues a chuparle la polla a tus amantes. Que acepto...

Que lo acepto todo, excepto que no me castigues, que no me azotes el culo, que no me des bofetadas, que no pueda lamerte el culo, ni poder dormir a los pies de tu cama. No puedo aceptarlo. Lo acepto todo excepto no poder despertarte todas las mañanas lamiéndote el coño, ni que no pueda oler la excitación de tu sexo aunque sea provocada por otro macho, ni poder ver cómo duermes, ni llevarte el desayuno a la cama, ni poder limpiarte con mi lengua después de haber hecho pipí, ni poder ver como follas con otros.

Lo acepto todo, excepto no poder limpiarte con mi lengua la leche de otros machos, no poder oír cómo me cuentas tus conquistas sexuales mientras te lamo el coño, no poder esperarte de rodillas en la puerta de casa para lamerte el sexo recién llegada y darte la bienvenida a nuestro hogar, dulce hogar, en el que llevaré tus bragas mientras hago las tareas domésticas.

Eso es insoportable. No acepto que no me dejes amarte de la única forma que sé hacerlo: entregándome a ti para tu exclusivo placer, para que goces con mi sufrimiento y para hacerte feliz amándote hasta lo más profundo de mi alma. Sin limite, sin condiciones, sin peros, sin nada. Desnudo y a pelo. Amarte íntegro de arriba abajo para besar el suelo que pisas y darte las gracias por haber nacido y hacerme tu más sumiso esclavo cornudo.
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